miércoles, 04 de agosto de 2010

“Si Italia es el jardín de Europa, la Toscana es el jardín de Italia”, de esta forma Carlo Goldoni describe esta rica región italiana en sus Memorias, en 1787.

Con ocasión del puente del primero de noviembre, y para celebrar mi cumpleaños de forma diferente, salimos desde la provincia de Milán mi marido, mis dos hijos y yo. Nuestro destino es la Toscana y más exactamente San Gimignano y alrededores.

Nuestro alojamiento para los próximos cuatro días será la Fattoria di Pancole, en la localidad del mismo nombre. Está situada a tan solo 4 kilómetros de San Gimignano, con unas vistas excelentes y rodeadas de viñedos y olivos. El alojamiento consta de ocho apartamentos, piscina con solárium y lavandería de uso común. Nosotros alquilamos un apartamento precioso, denominado “Scoiattolo”, en la parte más antigua de la Fattoria, adecuado para alojar de dos a tres personas (nosotros llevábamos un niño y un bebé). El precio buenísimo, 330 euros incluidos la ropa de cama, baño y cocina, así como la limpieza final y la calefacción. También tienen apartamentos de mayor capacidad. La Fattoria di Pancole está especializada en la producción de vinos, en concreto el Docg rosso “Chianti Colli Senesi” y el blanco “Vernaccia di San Gimignano”, del cual encontramos un detalle de regalo en la mesa de la cocina.

Una vez instalados en el apartamento salimos a descubrir San Gimignano, que se encuentra sobre una colina, en una posición dominante sobre la Valdelsa. El cielo, al principio nublado y lluvioso, parece abrirse para regalarnos un poco de sol. Dejamos el coche en un parking de pago que nos recomiendan los propietarios de la granja, ya que los controladores parecen ser muy estrictos. Desde la Porta San Matteo alcanzamos rápidamente la gran piazza S. Agostino, donde se encuentra la iglesia del mismo nombre. El sol, ya casi escondiéndose da a los edificios cálidos tonos dorados. Seguimos hacia el centro recorriendo Via San Matteo.

Sede de un pequeño pueblo etrusco, San Gimignano tuvo un gran desarrollo durante la edad media gracias a la via Francigena que la atravesaba. Patrimonio mundial de la humanidad, y hoy famoso por sus numerosas y célebres torres, que dibujan un inconfundible perfil en el horizonte. Ya en la segunda mitad del año 1200 existían setenta y dos torres, como manifestación de la riqueza de la clase comerciante (gracias a la producción y exportación del azafrán) y protegidas hasta casi finales de siglo por una ley, que prohibía la demolición de casas si no era para edificar otras más bonitas.

Hoy en día quedan 15 torres y las primeras que encontramos, entre ellas la torre denominada la “Rognosa”, la torre del ayuntamiento, están en la Piazza del Duomo, el centro monumental de San Gimignano, sobre la cual se encuentra también la Collegiata (se puede visitar pagando entrada), el Palazzo del Popolo e del Podestà. Sobre la fachada de este último se abre un gran arco, denominado la Loggia, donde hay un montón de banquitos, ocupados a todas horas por personas de todas las edades que dejan trascurrir el día observando el paso de los turistas. En la plaza, muy animada a pesar de la estación otoñal, hay también muchos bares.

Nuestro pase sigue en la adyacente y fascinante, a nuestro parecer, Piazza della Cisterna, así denominada por un pozo que se encuentra en el centro de la misma. Tiene planta triangular y está pavimentada con ladrillo rojo, donde se levantan elegantes edificios y casas torre medievales. De pronto la plaza comienza a animarse y vemos a una multitud en procesión vestidos con trajes de época, de estilo medieval. Nos desviamos para visitar la Rocca di Montestaffoli o mejor dicho, las ruinas inmersas en un verde jardín. Desde arriba de la única torre que queda en pie se pueden admirar las imponentes torres de las dos grandes plazas de la ciudad. Ya está oscureciendo, los días en noviembre son demasiado cortos. Volvemos sobre nuestros pasos, tomando Via San Giovanni, repleta de turistas y tiendas que ofrecen bonitos objetos de artesanado local.

Segundo día

Nos decidimos por conocer la abadía de San Galgano. Un ligero viento sopla ya de mañana, mostrando un cielo terso y azul. Por el camino admiramos el encantador Borgo di Monteriggioni, protegido por una muralla circular y reforzada con catorce torres. Dante, en uno de sus cantos dell’inferno diría “Monte Reggino di torri si corona…”.

La carretera nos conduce a una zona boscosa, con continuas oscilaciones a izquierda y derecha con frecuentes subidas y bajadas. Finalmente adivinamos las primeras indicaciones que pronto nos llevarán a las ruinas de la abadía cistercense, que se levanta aislada en pleno campo. Se trata de una construcción de cruz latina, que tuvo su máximo esplendor en el siglo trece, para iniciar poco después su decadencia hasta su fin hacia finales del 1700. Destacan sus grandes naves por el intenso color rojo de su ladrillo, mientras que su pavimento está actualmente invadido por la hierba. Fue profanada en el año 1789. Del anexo monasterio de San Galgano quedan solo la sala capitolare, la sala de los monjes y parte del elegante claustro. Es muy sugerente moverse por el interior, observando las formas y la decoración que ha quedado, los capiteles (hay sobre un centenar) y los grandes rosetones del crucero. Se puede casi respirar la atmósfera solemne que se podía antiguamente respirar durante las celebraciones sagradas o la vida de los monjes en el interior de estos muros. Al parecer, según algunos estudios, las partes de esta iglesia modelan un tipo de geometría sagrada, según la cual el hombre es parte de un sistema de ritmos y armonía natural; los monjes cistercienses habrían desarrollado un extraordinario conocimiento del poder evocador de algunas, así denominadas, formas simbólicas, que luego fueron utilizadas en la construcción de sus abadías, manteniendo estos códigos en un estricto secreto. Parece también que estos códigos geométricos se asemejan a los utilizados en el Antiguo Egipto ¡quién sabe!!

Cerca, en la colina de Montesiepi se alza l’Eremo di San Galgano, una antigua iglesia románica, a la que se llega fácilmente a pie por un camino sin asfaltar. Desde allí se puede disfrutar de un panorama sobre la llanura y de la abadía, apreciando lo fascinante de su condición y sus notables dimensiones. De planta circular, la iglesia custodia una roca en el centro, que muestra una espada que San Galgano, hace más de 800 años, clavó allí en forma de renuncia a la vida material. Es realmente emocionante encontrarse de frente a la Spada nella Roccia, antiguas leyendas de caballeros vienen a la mente, la famosa saga del Rey Arturo.

Después de comer, volvemos sobre nuestros pasos para hacer una parada en Siena. El primer encuentro con esta preciosa ciudad se produce en la famosa Piazza del Campo, con forma de concha de vieira y siempre repleta de gente. Como el resto de la gente, disfrutamos de un momento de descanso sentados en el suelo, mirando hacia arriba a la Torre del Mangia del Palazzo Pubblico, de la que pronto escalaremos sus 88 metros de altura (entrada 6 euros). La vista desde aquí es magnífica, se ve toda la ciudad con sus techos color siena. Descendemos para continuar visitando los puntos principales y más famosos que la ciudad nos ofrece. Comienza a levantarse un viento muy fuerte, bastante molesto para los niños, así que regresamos a casa para soplar las velas y disfrutar de mi tarta de cumpleaños.

Tercer día

El cielo sigue azul y liso. Nuestro destino de hoy es Pisa, decididamente a desmano ya que tenemos que recorrer 86 kilómetros, pero la famosísima Torre Pendente es un estímulo suficiente para afrontar el camino. Una recomendación para los que van a Pisa en su propio coche: prestar muchísima atención a los carteles de “Zona a traffico limitato” porque son de control electrónico, con cámara de video y visibles únicamente cuando ya estás dentro de dicha zona. La multa llega y es inevitable.

El centro de la ciudad es sin duda Piazza dei Miracoli, que aloja los más famosos y visitados monumentos italianos. En efecto, los turistas están por todos sitios y de muy variadas nacionalidades. El mármol del Duomo, el Baptisterio y la Torre es de un blanco brillante, casi cegador por la luz clara de este día, en marcado contraste con el césped verde oscuro que los rodea. Piazza dei Miracoli parece, para algunos, la metáfora del ciclo de la existencia humana, desde el nacimiento hasta la muerte, representados por el baptisterio y el camposanto respectivamente. Otros ven en la posición de las tres construcciones las tres estrellas de la constelación de Aries. Es un hecho que Piazza dei Miracoli resulta fascinante y seduce con su extraordinaria belleza, por lo que decidimos pasar aquí el día completo.

Mientras esperamos para subir a la Torre Pendente (entrada 14 euros con horarios prefijados, los niños de menos de 8 años no son admitidos) admiramos el exterior del Duomo y del Baptisterio, situados uno enfrente del otro. Nos quedamos estupefactos de la belleza de la decoración y quizás por la proximidad de la hora de comer, nos recuerdan poco poéticamente a una inmensa tarta de nata. Pero toda nuestra atención se centra en la torre, símbolo indiscutible de la ciudad y reconocido en todo el mundo.

La torre inclinada es en realidad el campanario de la Catedral, aunque ocupa un lugar separado de esta, lo que no es usual. Sin embargo, parece estar en el lugar más destacado de la plaza. Gracias a su altura y a su delgada estructura, es visible desde todas las partes de la plaza y sirve como punto de referencia y símbolo de orgullo cívico y de la comunidad religiosa. Su construcción duró cerca de doscientos años y aunque en el pasado muchos creían que la inclinación de la torre fue programada, parece cierto que inicialmente fue concebida como un edificio recto y que su inclinación se manifestó desde las fases iniciales del trabajo de construcción (y continuado en el curso de los años con varias aceleraciones), a causa de las peculiares características del terreno, atravesado además por agua en las profundidades. Los intentos por frenar la inclinación se sucedieron en el tiempo, ya sea sustituyendo partes dañadas como actuando en el subsuelo. La inclinación actual es de unos 55 grados y no es desde hace mucho que han vuelto a permitir el acceso a las visitas.

La visita a la torre de Pisa es una experiencia única en el mundo. Subiendo los 294 escalones que nos llevan a la cima se tiene la percepción tangible de la ley de la gravedad. No es por casualidad que Galileo realizó aquí sus estudios sobre la caída de los cuerpos. Sobrepasando cierta altura se siente con mayor intensidad el efecto de la inclinación y en la parte superior las vistas son espectaculares, apreciando con mayor intensidad el efecto de la inclinación por lo que muchos turistas tienen dificultades para mantener el equilibrio.

Pisa ofrece otras muchas atracciones turísticas que quedan a la sombra de la famosa Piazza dei Miracoli. Para regresar al coche nos adentramos en Piazza dei Cavalieri, antiguo centro de la ciudad republicana, en la cual encontramos elegantes edificios, entre otros el Palazzo dei Cavalieri, con la fachada adornada con grafitis, el Palazzo dell’Orologio y el pequeño edificio de mármol de S. Maria della Spina.

Cuarto día

El último día de vacaciones lo dedicamos a Volterra. El corto trayecto que recorremos hasta llegar allí nos muestra un paisaje casi encantado, con colinas y campos cultivados que nos muestran una paleta de colores cálidos y otoñales.

Volterra se encuentra en una empinada colina, con vistas al Val Cecina y Val dell'Era, a tan sólo treinta km de la costa del Mar Tirreno. Todas estas características geográficas se perciben al llegar a la Piazza Martiri della Libertà, el auténtico balcón de la ciudad. Aquí el suelo es rico en yacimientos minerales, aluminio, hierro, plata y cobre que aquí la tierra se ve afectada por los fenómenos geotérmicos que se vuelven visibles con el ácido bórico, columnas de vapor escapan de las grietas del suelo. Así, sobre un fondo de colinas aparecen ante nuestros ojos pináculos de humo blanco y la inconfundible silueta de la central geotérmica de Larderello. Más allá divisamos el mar, un anciano se detiene y nos señala dos relieves: son la isola della Capraia y el Monte Capanna de la isla de Elba. Con esta agradable visión todavía en la mente iniciamos la visita a Volterra desde la Piazza dei Priori, centro de la ciudad y también una de las plazas medievales más bellas de Italia, hoy ocupada por los puestos del mercado. Quizás esto nos impide tener una visón de toda la plaza, pero no importa porque imprime una atmósfera muy alegre. La plaza, cuadrada y adoquinada, está dominada por el grande y austero Palazzo dei Priori, el más antiguo edificio municipal que queda en la Toscana, con un tono terracota en sus almenas y fachada. Frente a este se encuentra el Palazzo Pretorio con la Torre del Porcellino, llamada así por una escultura de un jabalí colgada en su fachada. Inmediatamente detrás la Catedral y el baptisterio octogonal, blanco y verde.

Volterra nos cautiva por su estructura uniforme que se aprecia paseando por sus calles. Pero se trata de una ciudad rica en antiguos testimonios romanos y etruscos, no sólo medievales. Es posible admirar el Teatro Romano, muy bien conservado, donde se pueden contemplar parte de sus amplias gradas, la zona de la orquesta y del escenario. Y la Acrópolis de la antigua ciudad etrusca, en el interior del Parque arqueológico “Enrico Fiumi”. Este oasis verde a los pies de la fortaleza de los Medici (actualmente una prisión de máxima seguridad), que ocupa la parte más alta de la colina es un lugar agradable para descansar y dejar que los niños juegan. Antes de regresar nos fijamos en las peñas, a pocos kilómetros en las afueras de Volterra. No es fácil apreciar la belleza por culpa de unas vallas de obra, pero lo poco que podemos ver nos permite tener una idea de la belleza de este impresionante fenómeno geológico. Las peñas son, de hecho, los deslizamientos de tierra en los barrancos, formados a partir de deslizamientos de tierra de materiales arcillosos, que han devorado parte de la antigua necrópolis antiguas.

Último día

De regreso a Milán el cielo se volvió gris, pero nada puede empañar la belleza de todos los lugares que hemos visitado y que tantos en el mundo nos envidian… ¡Hasta la próxima!

¡Muchas gracias Dani por permitirme publicar tu relato!