Quiero narrar un fin de semana en mi Toscana, descubriendo lugares preciosos a dos pasos de donde yo vivo.
Salimos el dos de junio para disfrutar de un día relajante en
Terme di Rapolano, en Siena. En este lugar hay dos establecimientos termales,
S.Giovanni y Antica Querciolaia. Nosotros elegimos este último ya que el tiempo no era muy bueno y dispone de dos piscinas cubiertas mientras que el otro establecimiento sólo tiene una.
La Antica Querciolaia es de mediados del 800 y aquí estuvo Garibaldi beneficiándose de las propiedades de estas aguas para curar su pie herido. El dia no nos acompañó demasiado y el sol iba y venía e incluso con un intento de chaparrón, en el mejor de los casos, pasando de un piscina a 35º a una de 40º, en el circuito de circulación alternando agua fria y caliente y disfrutando de todas las piscinas a nuestra disposición.
Mi hijo y mi sobrina no tenían ya firmeza, chapoteaban en una y otra piscina sin parar tan felices ¡fue dificilísimo sacarlos de alli!. Si el tiempo hubiera sido bueno durante todo el día, incluso hubiéramos podido disfrutar de un excelente prado repleto de olivos con sombra y sombrillas gratuitas.
Finalizada la jornada de relax, nos dirigimos hacia el establecimiento rural reservado por internet en
Lucignano (Ar), que se encuentra a tan solo 8 km de distancia de Rapolano. Realmente, ha sido una excelente elección que nos sorprendió.
Se ha abierto hace poco mas de un año y es una casa rústica toscana en la mitad de una colina, entre olivos y viñedos y tiene además una expléndida piscina. Lástima que por el tiempo no la hayamos podido utilizar.
El exterior está totalmente en bruto pero el interior se ha remodelado totalmente respetando el estilo típico. Cada apartamento tiene un color propio y tienen detalles de abuelos y bisabuelos(plancha, máquina de coser, bolsas de agua...) en objetos personalizados dentro de cada habitación.
Los apartamentos son 5 en total, para alojar de 2 a 4 personas aunque nosotros estuvimos solos. Las dependencias comunes son la sala de desayunos, que tiene una cocina antigua con chimenea y la sala de la cena en un local exterior junto al edificio central, pegado a la cocina.
El recibimiento fue muy acogedor por la dueña de la casa y su novio, rápidamente simpatizamos con ellos. Durante la cena estuvimos hablando con ellos como amigos de toda la vida, animados por un estupendo vino rosado (13,5º!!) y honorando todas las especialidades típicas toscanas preparadas por la abuela. Al final el vino me ha afectado, menos mal que sólo tenía veinte pasos hasta la habitación.
Sin duda recomiendo este lugar por todo, acogida, atmósfera familiar, lugar, limpieza y precio.
www.poderelavilletta.it.
Después de un buen sueño y un buen desayuno a base de pan de rosca y mermelada casera, te, café y leche salimos para visitar a pie la ciudad medieval de Lucignano. Es un pequeño pueblo de forma elíptica particular en pequeños círculos concéntricos, por lo que caminando entre callejones es muy fácil perderse como si se tratase de un laberinto. Acababan de terminar las fiestas del pueblo,
La Maggiolata, y todo estaba repleto de geranios y banderas.
El nombre Lucignano es probablemente debido a la conquista de la ciudad en el siglo primero a.C por parte del cónsul Licinio, aunque en los alrededores se han encontrado también restos etruscos. Merece la pena una visita.
Regresamos a nuestro alojamiento y después de saludar a los dueños prometiendo regresar pronto, partimos hacia la
Abbazia di Monte Oliveto Maggiore, non sin antes haber comprado como recuerdo botellas de vino blanco y rosado.
En la zona hay tantísimos lugares para visitar: Pienza, Montalcino, Montepulciano, Buonconvento, Lago Trasimeno... Como nosotros ya lo habíamos hecho, optamos esta vez por visitar la abadía benedictina fundada en el 1319 por
Bernardo de Tolomei. Se encuentra en un lugar de gran belleza artística y espiritual. Permiten la visita de la iglesia, el claustro grande todo repleto de frescos (del 1497-1505) y la biblioteca de la que lamentablemente los volúmenes más
preciados, como la Divina Comedia en versos latinos, se han llevado a otros lugares del mundo. Napoleón, por ejemplo, fue uno de los muchos que se llevó a casa libros antiquísimos. Hoy en día, los más antiguos datan del 1300. No olvidéis que el horario de visitas es muy riguroso, hasta la una de la tarde y luego de 15.30 a las 18 horas.
Nosotros como llegábamos justo en el momento de cierre pensamos aprovechar para ir a comer un panino a un pueblo cercano, llamado
Chiusure, a tan solo dos km de allí. Esta decisión ha sido también una gran sorpresa. Es un lugar sin límites, tiene una fascinación que se pierde en el tiempo. El visitante que, como nosotros, llega hasta allí por casualidad, se queda sin palabras. Es un pueblo medieval que conserva las trazas de las fortificaciones y los muros. El paisaje ofrece imágenes sugerentes de la creta sienesa y una vista de postal de la abadía desde lo alto.
Tenemos hambre y ya son las dos y media, encontramos una enoteca en el centro del pueblo y a dos pasos una tienda de alimentación llamada Paraíso, nunca un nombre fue tan apropiado. Elegimos este último y compramos antipasti típicos, embutidos al aceite y otros que comimos con vista a la abadía, ya que el espíritu lo teníamos repleto pero el cuerpo también pide su parte!.
Después de la suculenta comida regada con un buen vino regresamos para visitar la abadía, compramos el típico licor hecho por los frailes y regresamos a casa, pasando por otros tantos lugares sieneses que invitan a pararse para visitarlos.
Pero ya el tiempo apremia, el fin de semana está llegando a su fin y tendrá que ser una próxima vez!!.
Sandra M.
¡¡Gracias Sandra por permitirme publicar tu relato!!