TINTORETTO EN EL MUSEO DEL PRADO
El pasado 20 de enero se ha inaugurado, en el Museo del Prado, la primera gran exposición monográfica sobre Tintoretto que se celebra en el mundo, después del único homenaje que se le rindió al artista en Venecia hace 70 años.
Tintoretto sin Venecia no se puede entender, y al revés. Su pintura dinámica (su dinamismo no reside sólo en las figuras, está en la mente del pintor mucho antes que sobre el lienzo), visionaria (lo que impulsa su visión del mundo nace de un acto heroico profundo, de superación de si mismo y de los límites de la naturaleza humana) y dramatica (no hay drama más grande que la realidad), hubiera sido imposible fuera de Venecia, el único lugar, en la Italia de la segunda mitad del siglo XVI, en el que los sentimientos de libertad religiosa y civil no eran bárbaramente reprimidos y destruidos.
Tintoretto es veneciano hasta la médula, jamás salió de Venecia en toda su vida, exceptuando un corto viaje a Roma y otro a Mantua. Ha impregnado de su espíritu comprometido con la vida y la realidad mucho más que las paredes de la Escuela Grande de San Rocco y del Palacio Ducal; nos ha dejado una lección viva y actual del compromiso que necesita la vida y del drama que representa. Tintoretto pinta lo que Tasso y Ariosto, escriben en verso.
Esta exposición me hace más que ilusión, me conmueve; a falta de un
vaporetto que me lleve de San Marcuola a San Giorgio Maggiore para admirar la obra de este grande olvidado, bienvenidas sean las salas del Museo del Prado.