21 AGOSTO
Visitamos:
San Quirico d'Orcia,
Montalcino,
l'Abbazia di San Antimo y
l'Abbazia di Monte Oliveto Maggiore.
San Quirico d'Orcia dista 2.5km del lugar donde nos encontramos. La ciudad toma el nombre del martir niño
S. Quirico, que murió a los tres años junto a su madre
Giulitta durante el imperio de Diocleziano, en el 304. Según la biografía de la santa, cuando Giulitta fue condenada a muerte, el gobernador hubiera querido perdonar al niño pero S. Quirico declaró que era cristiano y quería morir con su madre. Al escuchar esto, el gobernador agarró el niño por las piernas y estampó su cabeza en los escalones del tribunal.
Lo primero que llama la atención en la entrada son los muros que rodean casi todo el centro histórico. Hay mucho que ver aunque la ciudad es pequeña:
La Collegiata, consagrada a S.Quirico y Giulitta, fue construida en el sg. XXI y es un espléndido edificio románico con añadidos góticos y barrocos. En el interior podemos ver un triptico de Sano di Pietro referente a una virgen con el niño y santos, en el pavimento la losa de la tumba del Principe Enrico de Nassau, muerto en San Quirico, hay también un coro de madera de finales del 1400. Nos gustó muchísimo, es imponente, preciosa. Junto a la Collegiata surge inmenso el
Palazzo Chigi, construido en el siglo XVII por el cardenal
Flavio Chigi.
Justo enfrente está el
Palazzo Pretorio, hoy en día después de ser restaurado aloja la oficina de Turismo y la dirección del Artistico Naturale e Culturale della Val d'Orcia.
Sobre la plaza principal asoma la
Chiesa di San Francesco, llamada Chiesa della Madonna. En su interior podemos admirar, sobre el altar mayor, la preciosa Madonna atribuida a
Andrea della Robbia y
l'Angelo e la Madonna, atribuido a Francesco di Valdambrino, discípulo de Jacopo della Quercia.
Después visitamos los
Horti Leonini, un precioso jardín proyectado por Diomede Leoni alrededor del año 1540. En el centro hay una estatua de Cosimo III. El cardenal Chigi entregó la estatua para agradecer al Granduca la concesión del título de Marqués de San Quirico.
Al final de Via Dante Alighieri, la calle principal, hay otra iglesia románica, Santa María Assunta. Lo más significativo es la entrada con los dragones ya que el interior es bastante simple. Junto a la iglesia se encuentra el Giardino delle Rose y desde aquí se puede acceder para ir al Horti Leonini. De frente a la iglesia está el
Spedale della Scala, para visitar en su interior un pozo del cinquecento. No olvideis realizar alguna foto a la puerta de los Cappucini, muy interesante.
Nos dirigimos entonces a
Montalcino, ciudad de grandes rasgos medievales y famosa por ser la patria de uno de los rossi mas importantes de Italia, il Brunello. Su situación es magnífica, en el vértice de una colina entre el Val dell'Orcia, dell'Asso y dell'Ombrone, que domina desde allí tres mil hectáreas de viñedos que le han otorgado fama y riqueza. Las vistas son una delicia sin fin.
Lo primero que visitamos es “
la rocca” (tres euros con cincuenta la entrada, cierra a las seis), los tickets se compran en el interior de la enoteca del castillo donde se pueden degustar vinos. Un vaso de Brunello cuesta ocho euros, demasiado caro para nosotros así que decidimos no probarlos.
La imponente fortaleza se levantó en el año 1361, sobre la entrada se declara
la balzana, emblema de Siena. Por las calles de Montalcino y Brunello se exponen, en sus tiendas, cajas de vino expuestas como si de joyas se tratase.
Paseando por la ciudad se pueden admirar numerosas obras arquitectónicas de origen medieval,
la mura di cinta, el
Palazzo Comunale, i
Loggiati di Piazza del Popolo,
la Cattedrale en estilo neoclásico, il
Santuario della Madonna del Soccorso, la
Chiesa di Sant'Egidio y la preciosa iglesia de Sant'Agostino y de San Francesco, hoy en día un centro de bomberos.
Me han dicho que una cita importantísima en la vida montalcinese es la
Sagra del Tordo, quien tenga la suerte de estar allí el último domingo de octubre podrá asistir. Se trata de una importante evocación histórica de un torneo con arco entre cuatro barrios de la ciudad, que rememora la época medieval mientras un largo cortejo vestido con trajes de época discurre por las calles de la ciudad al son de la música con cantos y bailes medievales.
A nueve kilómetros del centro de Montalcino, en dirección Castelnuovo dell'Abate, surge la preciosa
Abbazia di San Antimo, cuyo templo monumental del siglo XII, se presenta como uno de los mayores ejemplos del románico francés presente en Italia. Desde Montalcino la carretera serpenteante está rodeada de olivos, recorrerla es un placer, viendo como la abadía surge solitaria en el valle, rodeada de colinas. La única comunicación con el mundo exterior es el pueblo de
Castelnuovo dell'Abate, sobre una de estas colinas.
San Antimo fue un sacerdote romano martirizado en tiempos de Diocleciano. Su cuerpo fue arrojado al Tiber y al recuperarlo, fue canonizado y nombrado Santo Patrón de Montalcino.
Se dice que Carlo Magno fundó la Abadía al regreso de Roma, cuando al pasar por la zona sus tropas enfermaron por una epidemia. El rey rezó para que ocurriese un milagro y un angel se apareció, diciéndole que tipo de hierba tenía que recoger y mezclar con el vino. Las tropas lo bebieron y se recuperaron, así que para agradecerlo fundó San Antimo.
Entrando en la Abadia la mágica atmósfera te envuelve, especialmente si teneis la suerte de coincidir con los monjes cantando cantos gregorianos. La Abadía tiene tres naves con columnas de expléndidos capiteles.
Una otra joya que hemos tenido el honor de visitar es
la Abadía de Monte Oliveto Maggiore. Surge solitaria en lo alto, dominando el paisaje sienés, accesible desde Buonconvento o Asciano. Es como una auténtica ciudad con un parque de casi un kilómetro donde abundan los cipreses, pinos y olivos. Para llegar a la placita de la iglesia hay que recorrer una bajada donde se puede observar restos del cinquecento que nos muestran como se autoabastecian de pescado en el periodo en que estaba prohibido comer carne. Bajar no está mal, el regreso cuesta arriba ya es más pesado realizarlo pero aun así vale la pena.
La Abadía es enorme, os aconsejo visitar en primer lugar el interior de la iglesia repleta de frescos estupendos. En el interior hay tres claustros: el grande, el central y el pequeño. El claustro grande tiene forma rectangular, sobre las paredes hay frescos preciosos sobre la vidad de San Benedetto, los más antiguos son de
Luca Signorelli y algunos de
Sodoma.
En el claustro central hay un fresco de Sodoma que retrata el fraile cocinero del monasterio. El pequeño es de clausura.
El resto de las zonas de la abadía muestran frescos interesantes, como el refectorio. Desde el claustro grande se acceder a la biblioteca donde se custodian cuarenta mil volúmenes antiguos. Al fondo, bajo una escalera se accede a la farmacia.
Los horarios de apertura y cierre son muy estrictos. Si teneis la seurte de estar allí en el horario adecuado podreis asistir a la misa cantada con cantos gregorianos, al igual que en la Abadía de San Antimo.
El camino de vuelta lo hacemos cansados pero felices de haber disfrutado de este día tan expléndido. Nos paramos a cenar en una bonita trattoria en San Quirico -
Trattoria Bar Osenna -
Via Dante Alighieri, 42 - cerrado miércoles - Cocína típica toscana con un jardín precioso en la parte trasera con sillas y mesas de hierro. Comemos de todo por 18 euros/persona.
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