Partimos de
Verona el viernes a las dos y media de la tarde. Después de una larga mañana de trabajo nos dirigiremos en coche hacia Perugia, esperando llegar allí sobre las siete de la tarde.
Ya en la autopista, dirección MO-FI, la primera sorpresa nos llega en el tramo
Roncobilaccio – Barberino del Mugello, a la entrada de Florencia: cincuenta km de caravana, según nos cuenta un camionero, con el tráfico detenido por completo. Estamos en lo alto de un viaducto de 50 metros. Charlando con los automovilistas allí detenidos, parece que el atasco está originado por el tráfico lento de vehículos pesados que no pueden sobrepasar los 30/35 Km por hora.
Seguimos el consejo del camionero y, en cuanto tenemos ocasión media hora después abandonamos la autopista y continuamos bordeando Florencia. Los paisajes estupendos que encontramos nos hacen olvidar por un momento el malestar originado por el atasco, que nos ha trastocado los planes (tenemos sólo tres días y por ello, cada minuto es importante). Retomamos la autopista en Incisa, con viaje tranquilo hasta Perugia donde llegamos sobre las ocho y media. Dejamos el equipaje en el hotel,
un dos estrellas en un palacio histórico, y buscamos una buena trattoria para recuperarnos... ¡el viaje nos ha abierto el apetito!.
No encontramos nada aceptable y a las nueve y media decidimos entrar en una pizzería cercana al hotel. El nombre que incluye la palabra “Nápoles” nos hace esperar algo bueno... Efectivamente, buena elección. Comemos pizza con ingredientes típicos de la zona: tartufo, funghi porcini, salumi y salsiccie di cinghiale, entre otros.
Una vez que hemos cenado nos dirigimos hacia el centro, en las famosas “
scale mobili” que nos llevan a las calles principales de la ciudad. Y aquí, una agradable sorpresa: la ciudad está inundada de jóvenes y de ambiente festivo, ¡casi como si hubiera un concierto!.
Resulta que este es el ambiente de la ciudad cualquier viernes noche, algo normal. Es
Perugia, ciudad sede de importante universidad unido a estupendos locales nocturnos, clubs de jazz...
Recomendamos la visita del
duomo y de la
fontana, estupenda por la noche con las luces y la terraza panorámica. Estamos cansadísimos por el largo día, así que pasada la medianoche regresamos al hotel a dormir para disfrutar de un sueño reparador. A la mañana siguiente, después del desayuno (un poco decepcionante, todo hay que decirlo), nos dirigimos en coche a
Todi. Es maravilloso la facilidad que hay para desplazarse de Perugia hacia las otras ciudades de la Umbría. Carreteras con dos carriles por sentido, totalmente gratuitas y no muy saturadas nos permiten llegar a Todi en menos de una hora.
Todi es una aldea medieval repleta de cuestas y escalones y con geranios colgando de los balcones. Recomiendo visitar la iglesia y las cisternas romanas (sistema de recogida de agua de lluvia). Nos dirigimos en coche hacia
Narni donde comeremos una buenísima pizza-focacce en una placita. Por la tarde, excursión a la
Cascata delle Marmore donde nos deja con la boca abierta el descubrir que está “en funcionamiento” sólo tres horas por la mañana y tres por la tarde, el resto del tiempo el agua produce energía eléctrica en turbinas donde es dirigida.
Totalmente recomendable el barco gratuito hasta el punto más alto de la cascada y la bajada a pie por un bosque de un kilómetro hasta el punto de salida. Sobre las seis de la tarde nos dirigimos a Assisi. Allí tenemos reserva en una trattoria, la comida toda buenísima, Tagliatelle ai funghi, carne y quesos típicos, acompañados de bruschette al tartufo y buenísimo vin santo con cantucci. La comida nos hace olvidar todo... después de cenar nos dirigimos a la Basílica de S.Francesco, iluminada totalmente emana una paz que no hemos encontrado en otros lugares. Sobre medianoche regresamos al hotel.
La mañana siguiente debemos dejar la habitación asi que cargamos el equipaje en el coche y nos dirigimos hacia el centro de la ciudad para despedir el viaje. En la plaza principal está el mercadillo dominical con puestos de todo tipo. Fantásticos aquellos especializados en libros y postales antiguas, indescriptible la sensación de tocar con tu mano cartas escritas por alguien hace 350 años.
De Perugia nos llevamos una buena impresión y estupendos recuerdos. Nos vamos hasta el Lago Trasimeno para completar el día. Aparcamos en Passignano sul Trasimeno y desde aquí, llegamos a l'Isola Maggiore en una media hora en barca. Isla muy característica de vegetación mediterránea. Comemos en el único restaurante cercano al puerto (buenísima la lasagna alle uova di carpa reale).
Por la tarde paseamos por la isla hasta que a las cuatro de la tarde regresamos en viaje de vuelta a Verona. El regreso es diferente a la ida, más tranquilo. Como balance del viaje diremos que es una bonita ciudad, puede visitarse en un fin de semana. Umbría es preciosa y aun mas en primavera cuando todas las flores de ginestre colorean de amarillo cada colina.
Michele festi -- Gracias por permitirme publicar tu relato --