Viernes, 21 de abril Nuevas vacaciones, nuevo destino. Por fin cambiamos ¡después de tanto ir a Francia!. Dos meses de trabajo intenso en oficina y ahora, los días de descanso más encantadores que podríamos elegir: cinco días de turismo rural en Chianti. Nuevamente seremos cuatro, esta vez acompañados por Enrico y Serena ¡los días prometen realmente bien!.
Salimos a las siete, viaje tranquilo, poco tráfico y un calor intensísimo para ser abril. Alcanzamos la salida de autopista Firenze Certosa hacia mediodía, tomamos la carretera Firenze-Siena y salimos en San Donato. Las indicaciones para la casa rural
"Le Filigare", elegido por internet fiándonos de unas fotos impresionantes (que resultaron ser tan espectaculares en la realidad), son muy claras. Dejamos la estatal y nos dirigimos por las colinas al alojamiento. Cuatro kilómetros de blanco camino bordeado por olivos, una sola palabra: Un sueño.
El Agriturismo, inmerso en una finca de sesenta hectáreas se compone de dos complejos a unos 400 metros uno del otro. De una parte, el edificio principal, con la casa de los propietarios, la cantina donde producen el preciado Chianti y algunos apartamentos. En la colina enfrente, otros tres edificios todos de apartamentos entre los que se encuentra el nuestro.
Se llama
"Margherita". Dos plantas en estilo rústico, amplia zona de estar con televisión, frigorífico, lavaplatos, horno y un cesto de libros en inglés para los huéspedes del "
Chantishire".
En la planta baja dos habitaciones dobles, una de ellas con cama con dosel, y dos baños, uno de ellos con bañera de hidromasaje. Los muebles son antiguos e impregnan de aroma a madera toda la habitación... De frente, las colinas del Chianti, con sus cipreses, viñas y olivos que realmente resultan de ensueño.
El primer día toscano comienza con un sol espléndido y continúa con aguaceros que complican un poco la situación. Después de dejar las maletas en el precioso apartamento nos marchamos a comer a "Toppa", en el centro de
San Donato in Poggio (precioso pueblecito) recomendado por el propietario, debo reconocer que con todo acierto: tomamos vino (también nos ofrecieron al llegar al agriturismo), comemos crostini, bruschette, antipasti varios y un tiramisù buenísimo. A nosotras nos gusta especialmente una especie de patè de pollo que se unta sobre rebanadas de pan sin sal.
Apenas salimos de allí, comienza el diluvio universal. Intentamos, en vano, hacer una mini vuelta en el pueblo pero sin paraguas resulta imposible, así que corremos al coche. Aconsejados en el restaurante (que bien que aquí todos hacen recomendaciones) nos encaminamos a
San Gimignano, sitio precioso realmente. Aparcamos en el parking principal de frente a Porta San Giovanni (2 euro hora) y comenzamos a adentrarnos entre las casas en Via San Giovanni, la via de las tienditas y los turistas. El cielo cada vez está más gris. Llegando a Piazza del Duomo comenzamos a hacer alguna foto y enseguida, ¡otro diluvio!. Decidimos, no obstante, visitar la
Collegiata (no se llama Duomo porque San Gimignano no tiene obispo). Se entra por la puerta izquierda, no por la principal y se puede comprar el ticket de la entrada unido Collegiata y
Museo de Arte Sacro. Nosotros preferimos visitar solo la Collegiata por 3.50 euros.
Nos gustó mucho. El interior está repleto de frescos, entre los más importantes
El Martirio de San Sebastiano, de Benozzo Gozzoli, en la parte interna de la fachada el impresionante
Juicio Universal de Taddeo de Bartolo.
Salimos de la Collegiata y atrevidos por una breve pausa de la lluvia, nos aventuramos por via San Matteo en una tienda de peletería a precios realmente buenos. Compramos una bolsa y una cartera nuevas. La lluvia retoma insistentemente, asi que, a mala gana, decidimos continuar la visita a San Gimignano un otro dia y regresar ya que todavía tenemos que hacer la compra. En un supermercado que encontramos compramos de todo un poco antes de regresar al apartamento. Alli nos comemos una gran ensalada gozando el silencio. Los chicos se van pronto a dormir, Ale ve una película mientras yo me ducho y alrededor, todo es silencio, excepto el perro de los vecinos que nos disuade del paseo alrededor del caserón.