Adriana me envía este relato de su visita a Bergamo:
Ayer fuimos a Bergamo. Nos decidimos, tomamos el tren y salimos. Hacia un año que habíamos ido a hacer un mandado, pero no nos habíamos quedado y nos habíamos ido con la promesa de volver un día de estos.
Les contamos: que es muy lindo, se divide en ciudad alta y baja. La baja con su centro y la estación, los negocios y oficinas administrativas, el gobierno de la Provincia de Bergamo y las industrias. La alta sobre la montaña, rodeada de murallas con sus fuertes que dominan toda la zona, con sus negocios y sus platos típicos, en especial el dulce, Polenta e Osei (que significa polenta con pajaritos) que es una especie de bizcochuelo redondo, relleno de pasta de almendras, licor, con mucho azúcar arriba teñida de amarillo para simular la polenta, y adornado con pajaritos de chocolate. Muy bueno.
A esa parte podes llegar en omnibus o en funicular, les puedo decir que con el costo de €1.00 de boleto te deleitas con uno de los paisajes mas lindos que hemos visto desde que vivimos en Italia.
Caminando por las callecitas estrechas, que suben y bajan, puedes enterarte de siglos de historia. De pronto encuentras una torre hecha por una familia para protegerse en el 1200, una casa en piedra, muchas iglesias datadas del 1200, 1300, 1400, fuertes para proteger la ciudad, plazas con árboles o miradores.
Subimos a una vieja torre que domina la ciudad, se llama
il Campanone, mide 52,76 m y tiene casi mil años. Como el ascensor no funcionaba tuvimos que subir a pie 236 escalones, dentro todo de piedra, parecía que de algún lugar te iba a saltar un caballero con la armadura, o un dragón, o un murciélago, se respiraba un aire de misterio medieval, pero valió la pena, el panorama era espectacular, desde allí se ve todo Bergamo y las montaña, de un modo sorprendente, claro que estas con las campanas sobre tu cabeza, que son gigantes y cada media hora suenan, por eso decidimos bajar antes que comenzaran a tocar. Son gigantes, por un momento me sentí una especie de Cuasimodo, el Jorobado de Notredame, bajo esas impresionantes campanas.
Seguimos caminando y la casualidad dio que llegara a una iglesia pequeña, situada en una callecita que toma su nombre Via San Pancrazio. Es el santo del trabajo en Uruguay, al cual soy muy devota. La iglesia es muy antigua
y sobre su campanario se ve San Pancrazio, o Pancracio como le decimos nosotros, con su pluma en mano, dominando la ciudad.
Casi enfrente encontramos el teatro sociale ,es un antiguo teatro circular con muchos palcos, que los siglos esta haciendo venir abajo, pero estoy segura que lo restauraran pronto. Es gigante y tiene una acústica impresionante. Dentro se estaba desarrollando una exposición del Club de Leones, de juguetes antiguos.
El Duomo (la catedral) es enorme, toda decorada, blanca y gris, imponente, con el condottiere (caballero medieval) sobre la puerta., cerca de allí la iglesia de Sant’Alessandro, con el santo dorado sobre su cúpula, que se ve a miles de metros.
Estaba lleno de turistas por demás suizos, franceses y alemanes.
Era todo tan lindo y el día estaba tan espectacular que nos hubiera gustado quedarnos, pero tuvimos que volver a casa.