Siempre me ha fascinado el hecho de que medio mundo reclamara la paternidad de la ensaladilla rusa o
insalata russa.
No se trata, como su nombre parecería indicar, de una invención rusa, sino de la creación de finales de 1800 de un cocinero piamontés de la corte de los Saboya.
Con motivo de la visita de estado de todos los representantes políticos de la antigua Rusia, el cocinero quiso rendir homenaje a tan heterogéneos invitados, cuyas orígenes se repartían entre Europa y Asia.
Bajó entonces a la huerta del palacio real y recolectó todo tipo de verdura disponible, vegetales muy diferente por textura, sabor y color. Troceó e hirvió las verduras, y las ligó con una salsa fina que en origen no era una mayonesa.
El plato fue un éxito y en Rusia se llamó duante mucho tiempo "Ensalada Italiana".
Curiosamente, en España, en la época de Franco, se prohibió llamarla "Ensaladilla Rusa" y la gente se refería a ella como "Ensalada Imperial" o "Ensalada Castellana".