La primera vez que, hace ya unas navidades, vi en las estanterías de un supermercado español un
pandoro de Verona, casi me eché a llorar de la emoción. Ahora me parece una tontería, pero aquel año me hizo una ilusión bárbara poder cambiar el roscón de Reyes por un
pandoro.
Junto con el milanés
panettone,el
pandoro es uno de los postres estrella de las mesas italianas en Navidad. Un partidario del
panettone nunca admitirá que el
pandoro está bueno y al revés. Son distintos en todo, en el contenido y en la forma, y la fantasía de la industria pastelera moderna ha convertido a ambos en dulces sorpresas, gracias a los rellenos y glaseados de diferente sabores, que nos desvían completamente de las recetas originarias.
El
pandoro nació en Verona unas navidades de 1800. No sabemos con seguridad si su nacimiento fu propiciado por unos pasteleros autriacos (Austria en aquella época gobernaba el Lombardo-Véneto), que modificaron para la ocasión la receta del
pan de Viena, una variante de la
brioche francesa.
Por otra parte los pasteleros de la vecina Serenísima República de Venecia confeccionaban para los ricos patricios un dulce llamado
pan de oro, completamente cubierto de finísimas hojas de oro obrizo (el llamado
oro zecchino).
Para completar el cuadro de los orígenes de este bollo navideño hay que recordar también el
Nadalín, un postre parecido al actual
pandoro ,que se comía sólo en Verona en Navidad y en cuya elaboración brillaban los pasteleros austriacos afincados en la ciudad.
Sea como sea, la masa suave y dorada del
pandoro seguramente tiene que ver tanto con el
Nadalín y el
pan de Viena como con el
pan de oro.
Su forma cónica de estrella con ocho puntas hace el
pandoro inconfundible; su difusión en el mundo entero lo convierte en buque insignia de la gastronomía navideña italiana.
Su elaboración es larga y rigurosa en cuanto a ingredientes, tiempos de reposo y cocción. Sólo me queda desearos que lo disfrutéis, con un pequeño consejo: ponedlo a calentar un rato sobre un radiador antes de consumirlo, o unos segundos al microondas. El calor hará que libere todo su aroma a mantequilla.