lunes, 12 de diciembre de 2005


La primera vez que, hace ya unas navidades, vi en las estanterías de un supermercado español un pandoro de Verona, casi me eché a llorar de la emoción. Ahora me parece una tontería, pero aquel año me hizo una ilusión bárbara poder cambiar el roscón de Reyes por un pandoro.
Junto con el milanés panettone,el pandoro es uno de los postres estrella de las mesas italianas en Navidad. Un partidario del panettone nunca admitirá que el pandoro está bueno y al revés. Son distintos en todo, en el contenido y en la forma, y la fantasía de la industria pastelera moderna ha convertido a ambos en dulces sorpresas, gracias a los rellenos y glaseados de diferente sabores, que nos desvían completamente de las recetas originarias.
El pandoro nació en Verona unas navidades de 1800. No sabemos con seguridad si su nacimiento fu propiciado por unos pasteleros autriacos (Austria en aquella época gobernaba el Lombardo-Véneto), que modificaron para la ocasión la receta del pan de Viena, una variante de la brioche francesa.
Por otra parte los pasteleros de la vecina Serenísima República de Venecia confeccionaban para los ricos patricios un dulce llamado pan de oro, completamente cubierto de finísimas hojas de oro obrizo (el llamado oro zecchino).
Para completar el cuadro de los orígenes de este bollo navideño hay que recordar también el Nadalín, un postre parecido al actual pandoro ,que se comía sólo en Verona en Navidad y en cuya elaboración brillaban los pasteleros austriacos afincados en la ciudad.
Sea como sea, la masa suave y dorada del pandoro seguramente tiene que ver tanto con el Nadalín y el pan de Viena como con el pan de oro.
Su forma cónica de estrella con ocho puntas hace el pandoro inconfundible; su difusión en el mundo entero lo convierte en buque insignia de la gastronomía navideña italiana.
Su elaboración es larga y rigurosa en cuanto a ingredientes, tiempos de reposo y cocción. Sólo me queda desearos que lo disfrutéis, con un pequeño consejo: ponedlo a calentar un rato sobre un radiador antes de consumirlo, o unos segundos al microondas. El calor hará que libere todo su aroma a mantequilla.
Publicado por cannella @ 18:58  | GASTRONOMÍA
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Publicado por Blancarte
martes, 13 de diciembre de 2005 | 18:07
Interesante, qué rico...
En estas fechas me están viniendo unos recuerdos de cuando estaba en Siena...pasamos por Roma para volvernos a casa por Navidad (como el anuncio) y allá, en el albergue donde hicimos noche nos dejaron un pandoro Bauli enterito, qué delicia...
También recuerdo los dulces genoveses y por supesto los sinieses aissss:si)
Baci a tutti
Publicado por Stella-Fi
jueves, 15 de diciembre de 2005 | 18:44
¡Bienvenida! Me ha gustado mucho leerte ;)