Estos días estamos planeando un viaje con unos amigos para el próximo mes de diciembre. Viajar con amigos tiene muchas ventajas pero a veces lo de elegir el destino por votación democrática te deja sin hacer una viaje que te apetecía realmente.
Y ese ha sido el caso esta vez. Cuando decidimos planear una escapada de unos cinco días para diciembre empezaron a salir opciones: Munich, Provenza, Turín y Liguria, Paris, Londres, etc. Al final parece que la decisión se tomará entre Paris o Londres, así que me he quedado sin una de las opciones que me parecían más atractivas.
Aprovechando la inauguración de un nuevo vuelo desde mi ciudad a Roma-Ciampino (gracias por la información, Stella) había diseñado una propuesta que nos permitiría conocer una zona del centro de Italia en la que aún no hemos estado.
Mi idea era volar a Roma y desde el aeropuerto, sin entrar en la ciudad, alquilar un coche para irnos hacia Umbria y Toscana. Mi idea era alquilar un apartamento de agriturismo en la zona de Montepulciano y, desde allí, visitar el sur toscano y algunas regiones de Umbria.
Desde siempre me ha apetecido conocer el sur de la Toscana, dentro de que toda Italia es muy turística, tengo la saensación de que esta región debe ser menos agobiante que su vecina del norte y, además, tiene un montón de atractivos, tanto para el turista curioso como para el gourmet aficionado y, como yo entro en las dos categorías, os podeis imaginar lo que me apetece ese viaje.
El sur toscano es una región de buenos vinos, fuertes y con carácter como el Brunello de Montalcino, de aceites de oliva y de campos de trigo. Es una región de cocina sencilla y casera, sin complicaciones, con productos sencillos y preparación lenta. Es una zona donde aún se valoran los productos de la tierra, la caza y las recetas tradicionales.
Por otra parte, el sur es una región de contrastes, de la "aldea monumental" de Pienza creada por un papa del renacimiento para hacer más espectacular su aldea natal, a la sobriedad de la abadía de Sant'Antimo, que uno situaría más bien en los bosques del Macizo Central francés o, por ejemplo, en el Camino de Santiago; de Bagnoregio, ese pueblo que aparece en las fotografías como sacado de la Tierra Media del Señor de los Anillos,
a las playas desiertas (en invierno) de la Maremma; de los pequeños pueblos costeros como Talamone, a las casa colgadas sobre el acantilado, casi confundiéndose con el, de Pitigliano.
Y eso sin olvidar que a poco más de una hora en coche están Siena, San Gimignano, Arezzo, Cortona o, hacia el otro lado, Perugia y Asis,
lo que me lleva a hablar de Umbria, una de mis asignaturas pendientes. Una región donde se concentran lugares como Asis, Perugia, Spoleto, Todi o Viterbo merece una visita, permitidme también decir que en mi opinión si esa región es, además, la patria de una de las mujeres más hermosas de las últimas décadas, ya tiene un motivo más para merecer una visita.
Esos eran mis argumentos a la hora de defender esta opción de viaje. Finalmente han ganado otras, que tampoco están nada mal, así que esta tendrá que esperar.