En el descanso de una de las clases, saboreando un cappuccino, fue como preparamos casi sin darnos cuenta el bonito día que pasamos en Pisa.
Los fines de semana los teníamos bastante ocupados así que como era jueves, decidimos dejar las clases del día siguiente y dedicarnos a visitar Pisa. Quedamos a las 8 de la mañana en la estación de S. Maria Novella y yo, entre que había salido la noche anterior hasta tarde y que me niego a pisar un transporte público en una ciudad tan bonita y pequeña, llegué un poquito más tarde de la hora. (Creo que es un pecado no ir caminando a todos los sitios en Florencia).
Cuando llegué allí ya estaban A. y K. esperándome. Compramos los billetes que creo recordar nos costaron bastante baratos y después de discutir si era este o el otro binario nos subimos al tren.
El viaje estuvo entretenido y en una hora más o menos llegamos a Pisa. No habíamos desayunado así que en el primer sitio que encontramos nos metimos a tomar algo.
Al finalizar decidimos pasear tranquilamente atravesando la ciudad, para llegar así a la zona de la torre. Pisa es una ciudad que también me gustó recorrer caminando, me encantan esas calles sin edificios demasiado altos y con tanta historia en cada paso.
Y caminando, caminando, llegamos a la Piazza del Duomo. Allí estaban la Cattedrale, il Battistero y como no, la famosa Torre Pendente.

La torre estaba cerrada y no subimos a visitarla. A cambio pasamos un buen rato tumbadas en el cesped cercano al cementerio (no en los alrededores de la torre, que para eso tienen allí un vigilante con un pito que ya se ocupa de dejar sordo al que se atreva a poner un pie en la hierba).
En la actualidad si está abierta al público y no sólo eso, es posible comprar el ticket por adelantado via web, sale por 17 euros pero te ahorras la cola y te aseguras la visita. En la misma web te indican cuantas plazas quedan para cada visita.
Por si alguien tiene curiosidad de saber algo de Pisa, en la web de La Rete Civica Pisana es posible hacer un tour virtual, consultar un callejero, ver donde están los principales lugares de interés y ver Pisa en directo desde una webcam en la torre del reloj.
Cuando ya nos cansamos de ver a la gente con la típica pose de foto en Pisa, se nos ocurrió ir a la playa. ¡Y allá que fuimos!.
Preguntamos como ir y nos indicaron el autobús que nos llevaba. Tardamos poco pero el viaje fue ligeramente accidentado. Iba a rebosar de gente y entre todos ellos, un hombre con cierta parte de su cuerpo fuera de lugar. No se como lo hago pero allá donde voy, uno que me encuentro. Tengo que reconocer que fue divertido ver la cara de mis acompañantes cuando se lo intenté decir, primero porque no sabía decir exhibicionista en italiano. Tuve que dar toda clase de detalles para explicar lo que el personaje hacía con su mano y la parte del cuerpo que me mostraba, el resultado fue tal carcajada que se enteró medio autobús y acabaron todos mirando hacia él.
Anécdotas aparte, llegamos a la playa, creo recordar que la zona se llama Marina di Pisa pero no estoy muy segura. Era abril y apenas había gente, pero pasamos una tarde muy entretenida. Estuvimos sentadas en unas rocas contando historias de cada una, me gusta hablar con gente que lleva una vida tan diferente a la mia, es increible que de costumbres diversas tenemos. Esa tarde me enteré que Anita en Alemania no es el diminutivo de Ana, sino que es el nombre (yo no me explicaba por qué todo el mundo llamaba "Anita" a una chica tan grande).
Cuando se fue el sol estuvimos en una cafetería cerca del mar hasta que llegó la hora de volver a la estación. Al llegar a Florencia cenamos en un chino del centro y por si no hubiéramos tenido poco, nos fuimos a un pub mexicano que habíamos estado ya un par de veces. Y de ahí, al Salamanca. Pero eso ya es otra historia.