Dicen que en la Toscana es donde se habla el italiano más puro y este fue uno de los puntos que en principio me hizo decidirme por Florencia cuando decidí aprender algo de italiano.
El paso siguiente fue elegir la escuela. Busqué muchísima información para poder elegir bien. Tenía claro que quería un centro pequeño, donde la gente se conoce y no una escuela fría donde te sientan en un ordenador y te ponen unos auriculares. Al final encontré el sitio perfecto,
Il Centro Machiavelli.
En pleno centro, en el quartiere
Santo Spirito, junto a la iglesia del mismo nombre y en una pequeña placita donde se forma un mercado de frutas y verduras a primera hora de la mañana.
Los lunes empiezan los nuevos cursos (cada 2 semanas se incorporan nuevos alumnos). Al llegar nos hicieron un test de nivel para ponernos a cada uno en el grupo que corresponda a nuestro nivel. Me tocó una clase bastante buena, había gente de todos los lugares, Australia, Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, Suiza y sobre todo Japón ¡Que cantidad de japoneses!.
Una de ellas, Keyko, continúa siendo una buena amiga hoy en día. Los profesores son competentes, el ritmo de las clases es ligero y no se hacían pesadas, en cierto modo no era una clase de colegio, aprendíamos sobre todo hablando y contando cosas de nuestro lugar de procedencia. Los profesores se integraban totalmente en la clase, de forma que llegado un momento, era como estar con un grupo de amigos tomando algo.
Como siempre que hay clases por medio, el mejor momento era el descanso. Ibamos a un café que hay junto a la puerta de la escuela, un sitio muy bonito. No recuerdo el nombre pero estaba decorado con las formas de la iglesia vecina. Había una salita con mesas y en las paredes, un montón de cuadros con el perfil de la iglesia y decorados de diferentes maneras. Me gustaría encontrar una foto para que lo vierais, estoy en ello.
En las siguientes semanas aproveché un montón lo que organizaba la escuela. Cada semana se organizaban actividades muy diversas, recuerdo que una tarde fuimos a ver una partida de damas. No era la típica partida, los jugadores iban vestidos con un traje de época y el juego era un poco más original... en lugar de fichas, tenían vasos de vino. Si comían una dama, se bebían el vino :pa). Además de las actividades, organizan cursos específicos de cocina, canto (esto no es lo mio, sin duda), clases particulares, etc.
En clase estabamos seis o siete personas normalmente. Algunos ya llevaban allí más tiempo pero salíamos juntos normalmente. Con Keyko y Anita pasé muy buenos ratos y nos reíamos un montón, en clase y fuera de ella.
También me apunté al servicio Tamdem que tiene la escuela. Consiste en poner en contacto a dos personas de diferente idioma materno para que ambos practiquen. A mi me presentaron a un italiano que estudiaba español, fue algo bonito porque él vivía en las afueras de Florencia, me llevó a conocer a su familia y una noche organizaron una cena española entre él, sus compañeros de clase de español y la profesora, una asturiana muy simpática que se había casado con un italiano y vivía allí desde hacía cinco años.
La misma escuela se ocupa del alojamiento, en familias o pisos compartidos. Yo tuve mucha suerte porque me tocó un apartamento al ladito del Ponte Vecchio y podía ir caminando a la escuela todas las mañanas y tenía todo cerquísima siempre. De esto ya hablaré más en otro momento.
Creo que si algún día tuviera la oportunidad de volver a pasar un tiempo allí estudiando, volvería a
Machiavelli.